Como cada mañana
cuelgo mi cuerpo
en el placard de puertas
que no encajan.
Y salgo a las calles
que no encuentro
hasta que un cartel de Fernet
y de Compaq
me las señalan
La noche se come la puerta,
y las paredes,
y las grietas,
y el viejo cuadro
de la ciudad borrada
Baja la noche,
nos pone en penumbra,
se queda,
nos desaparece.
Yo cierro los ojos,
quiero recuerdos,
fuerzo la esquina
de Rivadavia y Loria,
busca una tarde
en el barrio.
Y estoy en casa con mis padres,
y soy un bebé,
y ladra un perro que tuve
todo blanco y peludo,
hocico marrón y negro,
y mueve la cola corta.
Cierro más fuerte,
aprieto los párpados,
hasta ver las estrellas
y esos destellos.
Pero los abro
y nada más tu espalda,
tu nudo de pelo rubio
sobre la almohada.
Mi mano te observa vacía,
flaca de huesos,
dormida
la piel desteñida
entre almohadas
y sábanas secas
como cadáveres.
¡Ah, siempre acá nosotros!
en este colchón hundido
que ya ni escucha
lo que no pasa.
Quién sabe si respirás,
no importa
No hace falta
siquiera
no querer rozarnos
Baja la noche,
ya nos tapa el sueño,
se esfuma la puerta del cuarto
y desaparece el cuadro
de la ciudad borrada.
Pablo Resnik
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