Nos absorbe la ruta.
Viaje en el que somos dos,
y un tercero, allá al final,
se desvanece.
Y vamos.
Niebla interminable,
el auto corre,
lo negro nos traga,
nos traga,
como el dolor.
Horas y kilómetros,
nos desaparece el aire de la noche,
ojos vacíos,
fracaso de retener al que se va.
Y vamos.
Viajamos hacia el fondo de la tierra,
universo que gira,
nos roza,
nos sacude,
nos deja ver vientos,
nos desgarra las lágrimas,
se lo lleva.
Manoteamos el alma,
párpados de piedra,
boca quebrada.
Y nada.
Se nos disipa
y acá quedamos,
napas de dolor,
borrosas,
lejanas orillas.
Y nada, y nada.
Y se va.
Pablo Resnik
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