1
No es fácil ver a través de la espesura.
No es fácil discriminar en la diversidad de elementos similares que se agolpan, se entrecruzan, se superponen, se apoyan unos sobre otros o bien quedan ocultos tras el conjunto.
No es fácil cuando la presencia de un objeto es una sombra, cuando al dar vuelta una página existe otra y otra por debajo, cuando todas ellas acumulan dibujos, columnas, esquemas y palabras; palabras que persisten hasta caer por los bordes, hasta caer sobre otras palabras, hasta perderse en el intersticio de dos hojas o hasta mezclarse entre sí generando nuevos significados, en su mayoría inaccesibles a la comprensión o al recuerdo.
No es fácil contemplar esta ciudad.
Las ramas de un edificio como un árbol se dividen y prolongan hacia el cielo. Oscilan sobre construcciones más bajas y se cruzan con otras de similar dimensión. Parecen tener un peligroso balanceo; hay que ver que se extienden una considerable distancia más allá de su raíz, pero se sostienen, la piedra que las conforma resiste.
La piedra, que también brinda el cuerpo a las edificaciones más bajas, perdidas al ras de la tierra, casi indistinguibles desde lo más alto hasta tanto la vista no se acostumbra.
Desde lo más alto, situación que permite atravesar el cielo sin obstáculos, hasta el giro del horizonte. En medio, el casco macizo y desordenado de la ciudad: un gran peñasco, piedra sobre piedra. Elevaciones irregulares, enormes aglomeraciones de roca, alternan con zonas más bajas, bordeadas por cordones rojizos y negruzcos, por senderos de musgo que se retuercen y vuelven sobre sus pasos, descienden o se elevan, para finalmente perderse en un rodeo, allí donde la ciudad termina.
No es fácil ver a través del cúmulo de este lugar.
Hay que esforzar la vista para distinguir las callejuelas abriéndose paso entre las edificaciones o interrumpiéndose frente a paredes enormes, que descansan a lo largo de varios cientos de metros. Sólidos muros, sin pasajes abiertos a través de su estructura, de modo que no es posible acceder sin dar un largo rodeo.
La entrada a estos edificios es pequeña, a duras penas tallada sobre la inmensidad de la piedra.
Desde el interior proviene un sonido apagado y gris, apenas distinguible del silencio. Los pasillos se multiplican en cada recodo. Cada uno de ellos conduce a cientos de puertas, todas iguales, una muy cerca de la otra.
Tantas, que la vista no logra retenerlas para establecer su número.
Tantas que corresponden, en conjunto, a la vivienda de miles de personas.
Tantas, porque detrás de cada una de ellas habita un solo individuo.
En toda la ciudad, en cada vivienda, un solo individuo.
2
Ella pasea su cuerpo desnudo por la habitación.
Un cuerpo delgado, una aparición que brilla al pasar frente a la pequeña ventana, cuando la luz la alcanza.
Va y viene por el círculo irregular de su vivienda, camina cerca de las paredes, roza un hombro contra la roca. Se asoma una y otra vez a la ventana, mira hacia arriba: el sol, ya llegará a su cenit, ya llegará.
Gira por la habitación casi vacía, lugar que habita desde el último día de la época de los recuerdos. Región de días, semanas, años o edades, llena de voces y rostros que ahora intenta atrapar. Recuerda el primer día de los giros, de las vueltas sin nadie.
Caminar, caminar, alcanzar las voces y las miradas, volver atrás, salir.
Cabello negro y llovido bajo el cielo, sobre la cara blanca, sobre los ojos oscuros que se entrecierran y lastiman en la espera. No ha comido ni ha bebido en toda la mañana, nunca lo hace hasta después de subir.
Permanece así, tal como al despertar, un jirón de lino, tan liviana y vacía.
Una brisa la mueve a observar, otra vez; el sol ya deslumbra sobre la roca y ella corre por el pasadizo que asciende, desde un extremo de su habitación, hacia los cielos; un brazo que cruza en tortuoso camino los aires hasta una altura a la que llega sin aliento.
Por fin: el sol y ella en lo alto. Se aferra con manos y pies en el extremo libre de la torre. Se arquea hacia atrás, resplandece bajo el astro y se transforma en luz.
Una elipse celeste, sobre la ciudad y el mundo.
Ella y los cielos. Suelta con cuidado una de sus manos y se toca el cuerpo, la mano recorre su propio rostro, los dedos se clavan en la carne hasta sentir dolor.
Ella, aferrada a los bordes de la torre, hunde en el infinito una voz.
Otras veces no lo ha hecho, otras veces se ha quedado en silencio.
3
Cientos, miles de puertas.
Un crimen, o cuántos, por cada ser detrás.
4
Está gordo, aunque casi no haya alimentos.
Nada entorpece su energía: habla, habla y, habla.
Habla con ademanes, sin detenerse.
Osí. Osí. Las mujeres balancean sus niños en el parque, los pájaros sobrevuelan. ¡Ah! Osí.
Habla solo, aislado, dentro de su vivienda. Recuerda.
Osí. Mujeres de ojos rasgados, sonrisas, ah, labios que se entreabren. Lo que yo quiero. Osí, osí. Corren, danzan, labios, olores.
Osí. Osí, osí.
Corre y no deja de repetir: osí; osí- osí.
Corre y ríe, corre y grita.
Y se enfurece.
5
La noche nunca llega.
Y luego no se marcha.
6
El juego se desarrolla, siempre y por siempre.
Comenzó en un poblado abierto, pleno de luz. Con el sonido de los niños, con la amenaza de las tormentas, con el trabajo.
Comenzó con la llegada de gente y cada vez más. Siguió, entonces, con más trabajo, con cantos y diversiones, con recreos y miradas y deseos.
Hubo recelo, hubo crecimiento.
Hubo una casa primera y luego más.
Un hombre, una mujer, y más.
Después, todo se multiplicó, porque no podía ser de otra manera.
Pero las noches eran más largas y más oscuras.
7
El canto de una sirena.
O el aullido de un lobo.
8
Osí.
Osí quiere un cuerpo.
Osí-osí.
El dolor de un cuerpo entre sus manos.
Un torso que se derrame.
Quiere que se sangre.
Sostenerlo por las costillas.
Sostenerlo por el hueso.
Mujeres blancas,
Piernas-mujeres.
Osí.
Osí-osí.
9
Nada surge de la nada.
La estructura de la ciudad fue forjada por decisiones, una sobre otra; por necesidades, por ocurrencias, por arbitrios disfrazados de imperiosidad, por omisiones.
Fue creada por la voluntad de muchos y por la ausencia de otros.
Paso a paso, fue creada.
Con la piedra, y un poco la madera.
Con la materia prima del lugar: prados, algunos árboles, sí, pero sobre todo roca, montañas de roca.
Así fue: lo que encontraron lo reprodujeron.
La piedra y un poco la madera.
10
Ale.
Las desoladas calles asisten a su paso ligero.
A su despreocupado andar, al llamado de sus ojos.
Tuerzo por aquí, sigo por allá, hay mucho espacio. Mi ciudad, mi gran hogar.
Delgado, la chaqueta vuela sobre su espalda. Va a pequeños saltos, pero ya menos, está un poco cansado. El aire se vuelve fresco, Ale, hora de volver a casa.
Mamà, hermanitos, aquí llego.
¡Ja!, hoy, otra vez, casi no me crucé con nadie. ¿La mesa ya está tendida? Traigo fideos, todavía queda algún paquete para quien sabe buscar en la ciudad abandonada. ¡Já! Siempre habrá algún paquete. ¿Y en esta otra mano? Un animalito. Siempre queda algún animalito. ¡¡A comer!! ¡¡A comer!! ¡Madre, a lavarlo de sangre, a preparar el alimento!
11
El creador.
No se ocupó de esta región más que de otras y, quizás, en verdad, un poco menos.
No diseñó en este caso la épica de un pueblo que florece, gana su lugar frente a unas costas y soporta con templanza los embates del clima o de los pueblos vecinos.
No fecundó aquí el carácter de un país que llegara a engrandecer con las edades su propio territorio y gobierno.
No se ilusionó, ese día, con una raza capaz de conquistarse a sí misma.
No, no es ésta la nación que se organiza desde la primitiva inmadurez de sus propias fuerzas.
No nacen aquí, para la tierra toda, la trascendencia y el destino.
No en este lugar.
No en esta piedra.
12
El canto de una sirena.
O el aullido de un lobo.
Ella, ya desnuda, se desnuda en el extremo de la torre.
13
Madre, ¿por qué miras así a hermano Ale? Nos trajo animalito
14
Se sobrevive con poco.
Rudy consigue animales, arranca la carne, la corta en trocitos, hasta ya no saber de cuál bicho proviene.
Carne de pájaros, de gatos, de ratas.
La desgarra, junta las pequeñas cantidades, se cuida de que alcance un poco para cada uno; en verdad no comen mucho, no necesitan. Pero él les junta y va y reparte. Y consigue el agua también, el poco de agua que ellos toman.
Rudy no deja de asombrarse de las vagas necesidades de esos cuerpos. Él, en cambio, necesita más alimento. Claro, él no permanece todo el tiempo dentro de su vivienda; sale a diario, camina a través de los restos de la ciudad vieja, camina y la deja atrás para hurgar entre las plantas, entre los árboles, entre las matas y los senderos.
Camina hasta llegar más allá.
Si encuentra, no come ni toma hasta haber juntado para ellos. A veces no hay qué. Entonces trabaja con las plantas. Las macera, fabrica una pasta blanda con agua, engorda el resultado con corteza, con ramas también maceradas. Eso cansa las manos, las daña. Y las fortalece. Rudy tiene grandes y fuertes manos, lastimadas.
La corteza es planta, piensa Rudy.
Es madera, es alimento.
Casi siempre va madera, salvo cuando hay mucha carne
(de gato, de pájaro, de rata)
La madera, la corteza, la rama, van en lugar de la carne.
15
No es fácil dejar de trasladarse al lento ritmo de una tierra ya sin final; salir del día, de la maraña de la selva, de la piedra de la ciudad, de los suelos sin huella. Pero más difícil es permanecer.
¿Qué esperar de un mundo donde el dolor inunda las formas de tal modo que ya no se distingue su presencia?
¿Qué esperar, cuando la carne sangra frente a mis ojos sin previo aviso ni justificación alguna?
Podría subir hasta lo alto de la torre y rasgar Yo su cuerpo, proferir el grito y eclipsar al sol.
Podría girar sin detenerme en uno o en cientos de habitáculos de piedra y convocar en Mí a todos los recuerdos de la época de los recuerdos y antes aún.
Podría arrancar la carne y la madera de los débiles y hacer con ello y con los animales vivos un gran fuego, del cual resuciten y vuelvan a morir aquellos que ya han muerto.
¿Por qué no? Desollaré esta tierra y me quedaré sin nada.
Juntaré garras de nubes hasta desaparecerlas de un bocado.
Volaré la furia antes de acabar con el cielo.
Abriré surcos de mi cuerpo en la piedra del pueblo nacido y creado por mi propia mano.
Destrozaré este universo.
Gritaré mi sangre y el final.
Puedo.
Sólo debo aguardar mi decisión.
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